El problema de fondo de casi cualquier juego de mesa para beber no es el juego: es la logística. Fichas que ruedan bajo el sofá, un dado que aparece tres pisos más abajo, alguien que jura que esa carta no existía en la caja original. Un móvil no tiene ese problema. No se le pierde nada porque no tiene piezas sueltas, y cabe entero en un bolsillo aunque el juego tenga, en teoría, cincuenta y dos cartas o un tablero con casillas.
El del tablero clásico: Cartas del Rey
El más parecido a lo que ya conocíais de antes: una baraja entera, un vaso central, y reglas fijas para cada carta que van marcando la partida. Aquí no falta ni una carta nunca porque el mazo se genera solo, y barajar de nuevo es un botón, no diez minutos revolviendo cartulinas sobre la mesa.
Cartas del Rey
El mazo manda
2+ jugadores
El de deducción: Impostor
Si os gustan los juegos de mesa donde hay que descubrir quién miente, Impostor cumple esa función sin tablero ni cartas secretas que alguien pueda ver de reojo. El móvil reparte la palabra en privado, uno por uno, y el resto se juega hablando y votando, que es donde de verdad está la gracia de este tipo de juegos.
Impostor
Uno de vosotros miente
3+ jugadores
El de siempre: Yo Nunca
No necesita ni fichas ni cartas: solo frases y un pulgar levantado. Es el juego de mesa más viejo de la lista, en el sentido de que se jugaba mucho antes de que existiera un móvil para llevarlo encima.
Yo Nunca
Confiesa o bebe
2+ jugadores
Preguntas rápidas
- ¿En qué se diferencian de un juego de mesa normal?
- En que no hay piezas físicas: el móvil hace de tablero, de dados y de árbitro a la vez, así que no se puede perder ninguna ficha.
- ¿Cuál elijo si el grupo ya se conoce bien?
- Impostor y Yo Nunca sacan más partido cuando hay confianza previa, porque tiran de cosas que solo el grupo entiende.
- ¿Y si hay gente nueva en la mesa?
- Cartas del Rey no depende de conocerse: las reglas son fijas y no hace falta saber nada del resto del grupo para jugar.